5 ene. 2012

Título: BRÜLL/ Autor: Marcelo Carusso/ 1996, Editorial Planeta, Biblioteca del Sur

















“… ya hacía casi dos años que no pisaba la ciudad. Brüll, el hombre con quien ella se había ido, parecía estar fuera de cualquier categoría; aunque la doblara en edad, aunque se hubiera transformado en una especie de anacoreta que en lugar de un desierto había elegido la retorcida vegetación de las islas. Nadie que hubiera conocido a Virginia le habría apostado más de seis meses a aquella pareja.”

“…ella es lo único que quise, sépalo…”

“por qué no se daba cuenta ella. Y si se daba cuenta, qué estaba esperando. Cómo podía seguir aferrada a Brull, cómo podía acompañarlo a la locura a cuatro pasos de distancia, lo mismo que una japonesa al señor samurái; cómo dejaba que esa rémora envuelta en trapos la siguiera consumiendo…”

“Apartó la taza de mate cocido. Miró otra vez el perfil de Virginia, las largas pestañas arqueadas sombreando el brillo de los ojos, y sintió una oleada de tristeza súbita, intolerable.”

“Boludeces, Cagón, Basta… (para él) ella siempre había pertenecido a ese raro tipo de personas cuya característica esencial era la ausencia absoluta de vulgaridad. No le salían naturales; daban la impresión de estar puestas en su voz, pero por otro. Se oían rabiosas y groseras. Se preguntó hasta dónde le importaba todo eso. Hasta dónde, sobre todo, era importante para él mismo.”

“La carta ya no tenía sentido. Así de simple: él había llegado tarde”

“El mundo es una pesadilla loca, bárbara, cruel –tradujo después-. Sus huesos han nacido bramando. No tendrá reposo ni en lo hondo de la tierra (…) Brüll es el alma, la raíz de la palabra: Alarido”

“Quizás porque ciertas formas de grandeza, si no se aplican al arte o a la religión, hacen estragos en la vida de un hombre. Lo incomprensible era que ella no se resistiera, que no dijera basta. Podía haber algo gigantesco en esa caída, en el derrumbe progresivo de sus fuerzas, pero esa grandeza quedaba restringida a los libros o a las biografías; en la vida real se transformaba en una serie sórdida de pesadillas.”

“Esas campanadas no pertenecían a su sueño. Estaban en el río, y a diferencia de la mañana anterior, sonaban lentas, maquinales, como si el que tañía hubiera perdido la esperanza.”

“Te quiero, Virginia –susurró-. Aunque no sirva de mucho.”

“¿Qué era? ¿Un genio o un simple lunático, un ser descalabrado y patético con obsesiones apocalípticas?

“Mariano le buscó los ojos. No eran lánguidos, brillaban iluminados por un resplandor turbio. Pensó cuánto habría podido amarla, y pensó con pánico que ya estaba pensando en pasado”

“Tantas cosas debió haber hecho en su vida, pero la vida, es muy simple, no otorga segundas vueltas. Da a lo sumo un aviso, antes de desplomarse sobre uno como un edificio en ruinas”

“Tarde… Tarde… Para todo es tarde”






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