6 abr. 2007

Murakami y Minghella: infieles y minorías

“Jamás volveré a verla” dije, “Ella sólo existe en mis recuerdos. Se ha ido de mi lado. Estaba aquí, pero ha desaparecido. Y allí no hay término medio. Donde no hay lugar para el compromiso no puede haber un término medio. Los quizá tal vez existan al sur de la frontera, pero no al oeste del sol”. Esta es la historia de un amor perdido en el umbral de la adolescencia que Hajime, su protagonista, recupera a los 37 años. El libro es justamente Al Sur de la Frontera, Al Oeste del Sol, de Haruki Murakami.

El detalle es que recupera ese amor cuando ya está casado, tiene dos hijas y ha hecho lo que se entiende por una “vida feliz”, con éxito en la pega, buen departamento en Tokio y casa en la playa incluida. Lo que obviamente le genera tremenda confusión. Sabe bien lo que quiere, lo que necesita y lo que desea, pero no quiere tomar decisiones que tendrán consecuencias para las que no se siente preparado. No es fácil tomar uno mismo las riendas de su destino para torcerlo. En uno de sus tantos momentos de angustia Hajime piensa que tal vez llorar le produciría alivio, pero no sabe porqué llorar: “Soy demasiado egoísta para llorar por los demás, demasiado viejo para llorar por mí mismo”. Al leer uno empieza a encariñarse con el pobre tipo, trata de adelantarse a su decisión, pero no es tan fácil adivinar que le irá pasando. Con pocos personajes y un tema que a primera vista parece muy simple, Murakami entrega un libro potente, que a ratos envuelve al que lo lee con el mismo manto de duda y sombra con el que cubre a sus protagonistas.

Murakami ambienta muy bien el relato con canciones, es un libro (como otros suyos) con banda sonora incluida (escrita, en vez de sonora por cierto). La amiga de infancia tiene una colección de discos que escuchaban juntos a los 12 años, melodías que acompañan a Hajime a lo largo de su vida, marcando etapas, recobrando sentimientos. Entre ellas, una de Nat King Cole describe de la mejor manera lo que a ellos les pasa: “Pretend you’re happy when you’re blue, It isn’t very hard to do”.

Cuando vi Violación de Domicilio de Minghella se me vino esa parte de la historia a la mente, en el momento en que le preguntan a su protagonista si es feliz y él, con una tenue sonrisa en los labios, responde que “happy enogh”. Ese protagonista también es joven, también es exitoso, pero no es feliz: también se enfrenta a la disyuntiva de escoger cómo quiere continuar su vida de pareja, que por cierto atraviesa una tremenda crisis por incomunicación: mientras él se refugia en la pega ella lo hace en el tratamiento de su hija con problemas de autismo. ¿Hasta dónde se puede herir, hasta donde herirse uno mismo…?

La historia de Minghella también está buena, pero apura demasiado el final. Quizás podría haber ahondado más en el supuesto vía crucis del personaje de Law, como lo hace brillantemente Murakami con el suyo.

En Violación de domicilio, a este protagonista, que es arquitecto, le desvalijan dos veces su oficina en un barrio periférico de Londres. Los responsables del robo: una mafia serbia, donde uno de los ladrones es un adolescente que vive solo con su madre, pues llegaron a Inglaterra arrancando de su país, mientras el padre muere allá lejos, en el conflicto con los bosnios. Ella, la madre, es musulmana, sufrida y trabajadora, buena como el pan y linda (Juliette Binoche). Aparte del conflicto de pareja, me parece súper importante la forma en la que Minghella rescata un tema como el de las minorías y la precariedad y el aislamiento de su existencia en tierras lejanas (aquí me acordé tanto de la última parte de Amor Líquido de Bauman, de los peruanos en la Plaza de Armas, de las gitanas que piden plata con sus hijos a cuestas…etc.). Notable el acento de la Binoche haciendo de serbia. Buenísimo el personaje de su hijo adolescente, con toda esa confusión entre la rebeldía que siente por su desarraigo social y la ternura que expresa en el regazo y amparo de la madre. Encantadora la escena del piano (para llorar), divertida la prostituta (para reír). También me gustó la forma de abordar la lucha que dan cada día las madres solas, pucha que les cuesta, pucha que es difícil para ellas parar una casa, pucha que es más difícil todavía encontrar a alguien que las entienda, las acompañe, las acepte y las quiera, pucha que les cuesta a ellas mismas permitirse una nueva oportunidad y pucha que les resulta fácil pisar el palito, ilusionarse y equivocarse. Realista la manera de retratar la relación entre un tipo con plata y una mujer desvalida emocional, social y económicamente.

Buena película, buen libro, buena manera de pasar el rato en otoño.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

mmm... me gusta como describes a Murakami, así que... ¿me prestas algo para empezar?

Besos,
R.

(así de escueto).

L Mery dijo...

bitterfly, no eres nada de bitter parece. gracias por tu comentario. Oye si eres de Santiago mandame un mail y nos ponemos de acuerdo y te presto uno... claro que vas a tener que ponerte a la cola... porque mi biblioteca es chica pero a la vez es publica y ambulante, la gracia es que los libros se lean y no que acumulen polvo.

R: tu sabes que te presto TODO! (pero con devuelta) eso si Rocio K. tiene el Tokio Blues y el otro lo preste en la oficina. Si pasas por la casa te paso otro nuevecito de paquete con el compromiso DE POR VIDA de regresarlo (Kafka en la Orilla, te tinca?). Como estuvo eso despues de la comida en mi casa? Supongo que mas entrete pero menos rico. Cuidate y llamame para ponernos de acuerdo. besitos...

Alfredo dijo...

vale por pasar por mi blog, interesante tu post, en especial la reflexion a minghella, no es uno de mis favoritos, pero tiene cosas bastante interesantes, espero que sigas visitandome
saludos!!!

Pamela dijo...

"Happy enough".....me golpeó