10 abr. 2008

Cuando el "mi casa es tu casa" se vuelve real

Francia, Italia y Bélgica fueron las embajadas que más recibieron gente asilada en septiembre del ’73. Parte de esa experiencia francesa fue registrada por Patricio Paniagua en un documental que relata la labor del entonces joven agregado cultural francés Roland Husson y cómo él ayudó a cientos de chilenos, en su mayoría artistas, brindándoles refugio y luego una gran amistad.

Al margen de la visión histórica y política del registro, que incluye imágenes del interior de La Moneda bombardeada, visita a la Villa Grimaldi, la descripción del ambiente previo al golpe, etc. en este trabajo hay momentos de verdad preciosos y otros con muchísimo humor.

“La memoria está llena de olvido” con esta cita de Benedetti, Paniagua, decidió comenzar un improvisado discurso en el MAC (lugar de la exhibición) de lo que se denominó como un “bautizo” para su documental. Luego presentó a todo el equipo que participó en él, lo que me pareció un gesto muy bonito y humilde de su parte, pues agradeció el esfuerzo de camarógrafos, libretista, director de fotografía, etc. de pie junto a ellos y frente al público en vez de recibir los aplausos solito. Tras los aplausos de rigor, presentaron al mismísimo Husson, que dos días antes había sido galardonado con un Altazor por su aporte, en calidad de extranjero, a la cultura chilena, quien, en un perfecto español, volvió a sacar un buen par de carcajadas entre los presentes.

Quien haya visitado alguna vez una embajada, por grande que ésta pueda ser, imaginará con facilidad cuán difícil puede resultar albergar día y noche a más de 100 personasnen los pasillos de las oficinas, las bodegas, etc. Armar camas, compartir baños, entender su ansiedad y empatizar con su dolor y su tristeza. Efectivamente lo fue, tanto, que finalmente el Embajador de aquél entonces decidió abrir las puertas de su propio hogar (contiguo a las oficinas) para recibirles y trasladarlos a esta gran “casa”. Así, según palabras de la esposa del embajador de la época, todas las cortinas y manteles de la residencia pasaron a ser frazadas. José Balmes, el pintor, recuerda con cariño cómo esa mujer se las arreglaba para conseguir alimentos para desayunos, almuerzos y cenas para este contingente centenario. No cuento más detalles porque la gracia es verlo, sólo digo que cuando Husson revisita la embajada pongan “ojo” cuando aparezca el sillón de terciopelo verde! en la proyección hubo muuuuchas risas con eso.


El tiempo que rescata el documental es del ’73 al ’76. Obviamente no todos los artistas fueron asilados y no todos los asilados estuvieron dentro de esa Embajada por todo ese periodo, así quienes estaban fuera, encontraron un espacio para presentar exposiciones y obras en el Instituto Francés de Cultura (dirigido obviamente por Husson por ser el Agregado Cultural). Fue en torno a este Instituto que los artistas visuales y los actores formaron un bloque importante de acción y producción.... ¡y de carrete!. Muy simpáticas las declaraciones de Gonzalo Robles sobre sus primeros encuentros con el whisky y el vino y quesos franceses. Bonitos los recuerdos de las fiestas que cita Gonzalo Meza, así como otras anécdotas que cuentan Elsa Poblete, Roser Bru, Héctor Noguera, Óscar Castro, Gaspar Galaz y muchos otros.

Yo no entiendo nada de los tecnicismos de un documental, así que sólo puedo decir que desde mi asiento, en medio de una sala re-ple-ta, pude percibir un trabajo muy humano, bien tratado, emocionante y divertido. Acá el link a la info publicada por el MAC, por si alguien quiere más datos.

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