26 sep. 2008

No me digas mi amor

(ABC: la vida agridulce y el poder de las palabras; como siempre: A, B y C no tienen nada que ver entre sí)

A: “La vida es del que la agarra” me dice el Sr. Noguera al despedirse, el mismo día en que nos conocemos por casualidad mientras yo esperaba a que una amiga se cambiara de ropa para salir a una fiesta y él visitaba a su amigo con quien, me parece, trabajó en una universidad gringa años atrás. Su amigo y mi amiga son esposos, por lo que el lugar de esta conversa fue la casa de ambos, aunque sin ellos presentes... Por mi boca de chilena y por la suya de venezolano-agringado desfilaron Castro, Chávez, Pinochet y, entre sorbo y sorbo de café, modelos económicos y de educación de por aquí y por allá... Poco me acuerdo de tanta cháchara, sólo que el café estaba riquísimo y de esa frase con la que él se despidió y con la que, sin saber, enmarcó un par de días míos que todo tenían que ver con eso...

B: Una mesa para cinco, en una terraza cercana al Forestal, una noche fría como si fuera invierno (ok, todavía era invierno). Tomábamos café y hablábamos de comida japonesa (por esa eterna mala/buena costumbre de seguir hablando de comida después de haber comido hasta decir basta) cuando de repente se acerca un tipo muuuuy alto, flaco y desconocido que me mira fijo y a pito de nada me grita “tú, no me digas mi amor, no me digas mi amor, porque soy es-cri-tor, yo soy artista”, se da media vuelta y se va, nos matamos de la risa, pero admito que igual me dio nervio, más que por lo que dijo, por la forma en la que, literalmente, nos clavó la mirada, una mirada más fría que toda la noche junta. Para mí claramente habría sido imposible decirle mi amor a alguien así, porque el tipo me dio miedo y en mi mente miedo y amor jamás podrían ir de la mano (luego pienso que jamás es una palabra muy grande que tengo que tratar de evitar). Días después me entero que en un departamento de Ñuñoa, una mujer valiente, con quien compartí parte de mi infancia dijo nunca más al amor con miedo, dijo no al cariño malo de otro tipo que también se cree artista, pero de los peores, de los que cuando la noche cae y cree que le ampara el silencio, empuña la mano y con ella pinta flores moradas en los ojos de su musa. Que bueno es saber que ella pudo parar a tiempo, pudo decidirse a hablar y buscar refugio y que ya nunca le dirá “mi amor” al “machote” ese. Que triste es que haya personas, conocidas o no, que a uno le den miedo.... y que bueno saber que las mujeres son cada vez más valientes y más capaces de reconocer lo que no merecen bajo ninguna circunstancia.

C: Días después me llega un mail sobre el seminario “El poder del lenguaje y los lenguajes del poder”, leo y releo el título una y otra vez, me parece absolutamente apasionante; es que las palabras dichas, escritas, gritadas, leídas, susurradas o como sea, siempre tienen el poder de provocar y de cambiar las cosas. Al menos a mí, me gusta nadar entre palabras, me gusta escucharlas, me gusta que alguien tenga algo que decirme y me gusta detenerme en la forma en que se dicen. Para bien y para mal, experimento casi a diario con el poder de las palabras y sus efectos. En este caso, este Seminario enmarca el poder de las palabras en el terreno del patrimonio (lo organiza la DIBAM). Nunca lo había pensado así, lo que decimos, como parte del patrimonio personal o colectivo. ¿Que pasará con todo lo escrito en tanto blog en diez años más, en cincuenta o en veinte millones? En lo inmediato, hay quienes dicen que, aunque son asuntos distintos, facebook se está comiendo a los blogs, puede ser. Todo puede ser... la intriga es saber cómo “será” el futuro que se viene, ése que es el que nos queda, como dice Parra en “el último brindis” de sus “canciones rusas”:

“...sólo tenemos tres alternativas:
el ayer, el presente y el mañana...
... sólo nos va quedando el mañana:
yo levanto mi copa
por ese día que no llega nunca...”

y mientras revisamos el patrimonio que existe en lo ya dicho, yo levanto mi copa virtual para saber decir, para decir bien, en el futuro que “no llega nunca” porque a cada rato se vuelve presente y luego pasado sin que estemos alerta (como dice Julio Iglesias, a veces pasa que uno se olvida de vivir “de tanto correr por ganar tiempo al tiempo, queriendo robarle a las noches el sueño"). En fin, que horror de dispersión ésta que he escrito hoy, como sea, lo que se dice importa, importa y mucho.

1 comentario:

Clarice Baricco dijo...

Ha sido lindo leerte. Como un café aromático y sin ganas de terminarlo.

Una ternura lo que comentas de tu nena por su peluche.

Abrazo agradecido.

PD. Visitaré el enlace recomendado del ceramista. Gracias.

Graciela.