7 mar. 2008

Pingüina

De chica siempre me encantó marzo, por eso de volver al colegio: zapatito nuevo, mochila a gusto, lápices y cuadernos en los que quedaron anotadas muchas más frases que las dictadas en clase. Me gustaba usar jumper, llegar temprano, oler el piso de madera recién encerada y mirar por los ventanales; recuerdo con cariño las clases de castellano y filosofía, los árboles del parque, un cóndor embalsamado en la sala de biología, la biblioteca (cómo no), el sonido de una vieja campana de bronce cada recreo y las arrancadas permanentes a los cafés de la Plaza Ñuñoa en todas las clases fomes (entonces había sólo 3 cafés y la plaza estaba a 1 cuadra).






Recuerdo todo eso por lo obvio: es marzo. Y cuando me acuerdo de esa época, de mis amigos, mis profes y todo el mundo que se encierra en un edificio en el que uno pasa años, pienso también en otras salas, en esas que están bien lejos, en las que con la nada misma los profesores hacen magia, donde convierten la precariedad en oportunidad, donde transforman la desesperanza en hambre por aprender, donde reciben a niños que han caminado kilómetros a veces en el barro, bajo la lluvia o un sol que quema a más no poder. Pienso en los colegios que también son internados, donde están los niños solitos, lejos de los padres, de sus mascotas y del abrazo de sus abuelas; colegios en los que “la segunda casa” se transforma en la primera. Colegios a los que los niños asisten con uniformes que no fueron comprados en un mall ni en el supermercado.... porque no hay ninguno cerca. Colegios a los que los niños le dicen “mi escuela”. Conozco muchas de estas escuelas, casi todas sólo por fuera, ya que cuando las he visto suelen estar cerradas por vacaciones. Casi siempre rodeadas de paisaje, casi siempre precedidas por un largo camino de tierra y también por un aura de nostalgia y melancolía. No lo puedo evitar, cada vez que paso por una tengo que parar a mirar, aunque sea desde la reja (lo mismo me pasa con los cementerios de los pueblos pequeños, tengo mi lado voyeurista, como todos) y mientras miro me pierdo pensando cómo ha de ser la vida de los profesores que allí enseñan, la de los niños que allí estudian.... y sobre todo en como será la vida de esos niños en el futuro.

Hoy ando desordenada así que, aunque sigo con el tema colegio, salto hacia atrás casi un siglo: ordenando los cajones de mi escritorio, en la oficina, me encontré una fotocopia del Contrato que en 1923 suscribía una maestra con el consejo de educación de su escuela (que me regalaron el año pasado en una charla de la historia de la educación en Chile, en el colegio de mi hijo). Supongo que la guardé porque me llamó la atención hasta qué punto se debía comprometer una maestra con su profesión hace 85 años. En su contrato, una “Señorita Maestra” acordaba:


* No casarse
* No andar en compañía de hombres
* Estar en casa entre las 8pm y las 6am
* No pasearse por heladerías del centro de la ciudad
* No abandonar la ciudad sin permiso del Presidente del Consejo de Delegados
* No fumar cigarrillos
* No beber cerveza, ni vino, ni whisky
* No viajar en el coche de un hombre (excepto en el del padre o hermanos)
* No vestir de colores brillantes
* No teñirse el pelo
* Usar al menos dos enaguas
* No usar vestidos sobre de 5 cm. de los tobillos
* Mantener limpia el aula
* No maquillarse ni pintarse los labios.

Uf, pensando en la lista, en mis costumbres y en mis gustos, mejor no quiero ni imaginar para qué "tipo" de pega sí habría calificado entonces, jaja. Para mí, lo de las enaguas y los helados es lejos lo más insólito (aunque si es por insólito y si es por seguir con el tema de la educación hoy, creo que podríamos alargarnos mucho, así que mejor hasta acá, que para lo otro están las editoriales, los titulares y las cartas a los diarios) ¡Buen marzo para todos: en la ciudad, en el campo, en el desierto, en la costa, en el polo, en las islas y en los cerros!




3 comentarios:

Alfredo dijo...

HOLA

DESPUES DE UNA VACACIONES BLOGERAS, VOLVI AL BLOG....JAJA, ASI QUE ESPERO TUS VISITAS Y COMENTARIOS, Y PORSUPUESTO QUE PASARE POR LOS BLOGS Y DEJARE MI PEQUEÑO APORTE

SALUDOS Y ESPERO TUS COMENTARIOS

Jóse Pinto dijo...

por suerte que quiero ser profesora en el 2008 jijiji y no en los años 20, que miedo !! No podría, sería una suelta de maestra.


Cariños :)*

Pamela dijo...

No habré ido a ese liceo, pero es el lugar donde ejerzo mi deber ciudadano de votar.

Gran trabajo el de las maestras y maestros.

Qué tengas tu también un lindo MARZO