25 ago. 2009

Y tu, en que estas pensando, ah?

“Hay dos procesos que los seres humanos no pueden detener mientras viven: respirar y pensar (...) en cada instante concreto de nuestra vida, despiertos o dormidos, residimos en el mundo a través del pensamiento”, postula George Steiner en su libro: Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento. De sus diez razones, yo me detengo hoy en la número ocho:
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Resulta imposible “saber, más allá de la duda, lo que cualquier otro ser humano está pensando (...) no contamos con ninguna manera segura de comprender los pensamientos ajenos (...) La simple pregunta ‘¿en qué estás pensando?’ solicita respuestas que ya tienen de por sí muchos estratos y que han pasado por complejos filtros. De aquí las inciertas relaciones entre el pensamiento y el amor. De aquí que la posibilidad de que el amor entre seres pensantes sea una gracia en cierto modo milagrosa”.
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“Tratamos de traducirnos unos a otros. Así pues, con frecuencia nos equivocamos un poco o mucho. (...) Aún en momentos y actos de extremada intimidad -quizá más agudamente en esos momentos- el amante es incapaz de abrazar los pensamientos de la persona amada. ‘¿En qué estás pensando, en qué estoy pensando yo cuando hacemos el amor?’ Esta exclusión hace plausiblemente trivial la tan cacareada fusión del orgasmo y su retórica de unísono. Como Goethe gustaba de señalar, innumerables hombres y mujeres han estrechado en los brazos del pensamiento a amantes recordados, anhelados y fantaseados (...) Esta reserva mental, involuntaria o deliberada, puede sonar como un eco ridículo por debajo de los gritos y susurros de éxtasis (...) Los seres humanos más cercanos y sinceros siguen siendo unos extraños, más o menos parciales, más o menos desconocidos los unos para los otros. El acto del amor es también el de un actor. La ambigüedad es inherente a la palabra”.
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Steiner finaliza este capítulo, en el que también se refiere al odio, al miedo y a la risa espontánea, diciendo que: “El amor más intenso, quizá más débil que el odio, es una negociación, nunca concluyente, entre soledades”.
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Vivir, pensar, respirar. Una trilogía ineludible. ¿En qué estás pensando? ¿En qué estoy pensando? Para qué desgastarse en eso, total, ya sabemos que es imposible leernos las mentes... Algunos, como Steiner, lo aprenden entre libros y ensayos... a otros, los más mundanos, no nos queda más opción que aprenderlo en el abrazo al precipicio... en una caída que, la mayor parte de las veces, es siempre agridulce. Steiner postula 10 razones para la tristeza del pensamiento, atendibles todas. A cambio, aunque menos ortodoxas, yo le propondría unas 500 para la alegría del mismo...
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2 comentarios:

Pamela dijo...

Por suerte todavía no se inventó la máquina de leer los pensamientos ¡qué lío se armaría!

Me quedo con tu proposición de 500 razones para la alegría!

muchos besos

Mary Rogers dijo...

Codificar y decodificar...no existe código idéntico...ese es el problema. También me quedo con las 500 razones.
abrazos