19 feb. 2009

Ensurecida

Ritos. De ritos está hecha la vida del hombre, desde que el hombre es hombre, y no hay mucha vuelta que darle a eso. Y las vacaciones son para mí uno de los tantos ritos alegres y divertidos con los que repongo pilas. Mi lugar favorito: las distintas variedades de sur. De verde y de sur. De lago y de sur. De montaña y de sur. De cocina a leña y de sur. De manos trabajadas y de sur. De gente que habla rapidísimo y de sur. De termas y de sur. De ostras y de sur. De prosciutto, de salmón, de piñones y de sur. Y de sur, y de sur y de sur. De esa porción de tierra infinita que hace de este país un suertudo geográfico, lleno de miel, frutos rojos que se desbordan en postres y kuchenes, redes de mimbre y de crin, hebras de lana que cantan sobre la espalda, tejas de alerce, botes a remo que cuentan historias...
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Parto por poner los CD que me gustan para hacer más amable la carretera, luego intento ser la copiloto estrella y agarro el mapa para ver cuantos kms. faltan para tal o cual pueblo (pero los mapas no son lo mío, mis virtudes de copiloto son otras :) Destino a la vista, me dedico a descansar, comer rico, conocer, sacar fotos, reírme como loca, cantar en la ducha (y afuera de la ducha) y luego un poco de lo típico, a comprar el diario local, una o dos postales que se mandan con estampilla desde el correo de la plaza de armas, conversar con la gente de los negocios chiquitos, comprar lo que no necesitamos, seguir a algún perro un par de calles, en fin, dejar que el instinto y la suerte hagan lo suyo.















Cuatro días más tarde ya se han ido los nudos en mi espalda, los tic-tacs y los ring-rings quedan en el pasado y la sonrisa no me la despinta ni un despintador profesional de sonrisas con mil años de experiencia en el rubro.
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Mientras, a mil kms de distancia, Santiago celebra 468 años desde su fundación, mientras yo me inundo de verde, rodeada de bosques milenarios, que hacen que las ciudades parezcan una locura innecesaria; me asombro una vez más con el intenso celeste del cielo, salpicado de nubes blancas como espuma de leche. Así, tendida sobre la madera, boca arriba, recibo el calor del sol, que allá es otro sol y es otro calor, envuelta en mantas blanditas para capear la brisa, hasta que me visite el sueño y me regale una maravillosa siesta, con las imágenes de los paisajes vistos antes: los calmos e inmensos campos de trigo dorado, el agua que cae vigorosa desde la montaña, los lagos y lagunas que más bien parecen espejos del paraíso. Se detiene el tiempo, se repara el alma, se renueva el ánimo y se dibujan las sonrisas.













Días después, algunos enamorados de mi ciudad, a la que ciertamente amo con todas sus artísticas virtudes y todos sus cementísticos defectos, celebran a san valentín con luz de velas en cenas de cocina molecular (la de moda), mientras nosotros, todavía un poco lejos, nos concentramos en la tierra, en reconocer, valorar y amar “lo humano” del humano, haciendo un recuento de los últimos años... en la suerte de todos los abrazos dados, las manos estrechadas, las amistades hechas y fortalecidas, los azares del destino y sus personajes amistosos, las ciudades, los paisajes, las casualidades, las alegrías, los infortunios y todos los ingredientes de éste, el sabroso caldo de nuestras vidas.













Y cuando el cielo se tornó gris y “amenazó” con la hermosa amenaza que es la lluvia, el color que escaseaba en las alturas comenzó a colarse por otras partes...














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Y, vuelve el sol y yo decido no volver. Mejor quedarme aquí, para instalar mi República Independiente de la Felicidad. Pero ups, no puedo, el resto de la tripulación no esta taaaan de acuerdo. Ups, again, en el fondo sé muy bien que la gracia está en el trinomio venir-estar-irme para luego extrañar. Ups, otra vez, pienso que de quedarme acá añoraría a mares la ciudad gris que tanta alegría me da. Ups, ups, aps, aaaps, el fin del verano tiene esta cosa hermosa que me deja un poco mal.
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Entonces, por contradictorio que suene, decido encerrar toda esta libertad en mi cabeza, para ir liberándola de a poco por los poros durante los próximos doce meses. Decido respirar profundo, una y mil veces más profundo que lo que lo haya hecho nunca, para reconocer y recuperar este aire tan puro cada vez que por bajar la guardia a mitad del año también me bajen los suspiros.
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Y ya me vuelvo, de fondo KJ y su “Sur-o-no-sur”…bue’ hablando de “Sur” también podría haber sido la Rafaella Carrá, jaja, pero aunque muy sabia ella, ahí se me desvirtuaría mucho el texto…



3 comentarios:

Pamela dijo...

Belleza para los ojos que saben mirarla.

El Guanaco Volador dijo...

Hola L Mery

Muy buena entrada

Dos abrazzos

Jóse Pinto dijo...

juajua que buen final !