3 ene. 2008

The very first one



Hoy tenía ganas de escribir un post por el año nuevo, porque el 2007 fue un año precioso y porque el 2008 ya empezó genial, porque son muchas las cosas que deseo para los próximos 12 meses, pero ninguna es especialmente material, así que confío que con un poquito de voluntad y esfuerzo me pueden resultar. Pero no, tengo que cambiar de tema porque tengo todo un año para pensar o hablar de esas cosas y resulta que ayer se murió Julio Martínez, que fue el primer hombre que se llevó mis miradas: a eso de los tres años… y hasta como los cinco, y me resulta imposible no pensar en eso, no escribir de él.

Así, simple: yo estaba enamorada de ese señor, no se porqué, pero supongo que era porque “hablaba bonito” (desde que tengo memoria he preferido a la gente de buena conversa antes que a la gente “linda” pero sin tema… por algo que a “Jota Eme” lo destacó la Academia Chilena de la Lengua y obtuvo también el Premio Nacional de periodismo, entre muchos otros reconocimientos durante sus más d 60 años de trayectoria profesional); prosigo entonces, él hablaba bonito y creo que por eso yo agarraba a besos la pantalla cada vez que aparecía y me ponía furiosa si alguien no lo encontraba tan guapo como yo. Con el paso de los años, ya un poco menos prendada, no me perdía el “Almorzando en el Trece”, un gusto bien “raro” para alguien de esa edad y me hacía inmensamente feliz encontrarme con él en los pasillos del canal, algo que sucedió bastantes veces. Hasta hoy, aún cuando nunca me ha gustado el fútbol, jamás cambié la tele si el que comentaba era él, en parte por nostalgia y en parte por la simpatía que me provocó hasta el final.

En fin, en la cocina de mi casa está esa tele vieja que me traje de la casa de la playa y que alguna vez estuvo en mi pieza, cuando era muy chica, le temía a los vampiros y compartía ese espacio con mi hermano, esa tele de las que se cambian con perilla, un vejestorio absoluto que apenas sintoniza, pero que me niego a desechar porque es parte de mi infancia… así, viendo esa tele, me enteré que había muerto y glup… Por eso, frente al mismo televisor en que te vi por vez primera, hace ya unos 28 años, vaya un beso mío para ti JM y que tengas un buen viaje… el mejor!



4 comentarios:

Luna Agua dijo...

Sí que hablaba bonito.
Sin telepronte.
Del alma y su sabiduria.

Un caso extraño de genio y verdad.





Saludos

Marce dijo...

Leti:

Sentí pena cuando supe que había muerto y, aunque no lo creas o te parezca divertido, pensé en tí. Yo también tuve mi amor televisivo cuando chica. Fue Willy Duarte (harto más antiguo) y lloré cuando no lo ví más a la hora del tiempo.
Creo que si Jota Eme te hubiera leído, sin duda te hubiera alabado con sus caballerosas palabras.

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Mary Rogers dijo...

Me tocó trabajar "al otro lado del pasillo" en la radio y encontrarme con él era un gusto. La conversación fluía y todas sus historias, matizadas de un humor increible, se hacían trascendentes.
Canceriano él...sensible y amante de las palabras. Por supuesto que se lo extrañará.

Un abrazo