24 mar. 2009

Click!

Las cámaras digitales son fabulosas... hasta que uno se da cuenta que desde que tiene una ha dejado de imprimir (mejor dicho revelar) muchísimos momentos especiales, por años. Hace muy poco, en una junta con amigos centenarios, salieron a la luz pública, más para mal que para bien (estéticamente hablando), decenas del albumcitos de “Konica”, “Fuji”, “Foto Pueller” y “Kodak Express” con fotos de 10x15 que nos hicieron reír hasta decir basta. Entre risa y risa me puse a sacar fotos a esas fotos, para guardarlas de recuerdo.
















Picarquín. Enero 1999. Todos con 10 años y 10 kilos menos

De las mostrables, me quedo con ésta, de hace 10 años atrás, en la que Chile fue la “gloriosa” sede del Jamboree Scout Mundial y mis amigos y yo jugamos a ser intérpretes-voluntarios-todo-terreno. ¿Por qué fui? todavía no lo tengo muy claro, pues en realidad en esa época yo no tenía nada que ver con los scouts, así que reconozco que la pinta de arriba es un disfraz. Lo que sí sé, es que lo pasé increíble, es que los participantes eran divertidísimos y de lugares tan distintos como Armenia, Gana o cada uno de los mini-países que aparecieron al desaparecer la URSS y porque entre la gente que no era scout, había una complicidad graciosa y repleta de anécdotas entre intérpretes, periodistas, cruz roja y bomberos, todos sub.25.

Ese fue el año nuevo más precario, multitudinario y alegre que haya pasado entre los que recuerdo (diciembre ’98-enero ’99). Fue la última vez que dormí en una carpa... y la primera y última vez que alguien me guarda un flan con caramelo destapado adentro del saco de dormir... con la ingenua intención de dar una dulce-sorpresa que, finalmente, terminó siendo una horriblemente-pegajosa-y-aplastada-sorpresa en mitad de la noche y sin agua ni luz...

Esas dos semanas del Jamboree fueron también una breve temporada por las tierras del colapso logístico: falló todo lo que pudo fallar, teléfonos públicos, baños químicos, servicios de Internet y cajeros automáticos... si hasta el lago para deportes náuticos estaba seco. Aún así, el ánimo de las miles de personas y personitas era tan positivo que todo resultó inolvidable. Ahí me convencí que de verdad es la energía humana lo que mueve al mundo y que la sonrisa es el lenguaje universal por excelencia. Bueno, casi universal, pero que no sirve para todo, porque cuando unos amigos avisaron que se encontraron un ratón por su carpa, la “Organización” insistía en arreglar el “Mouse issue” en el área de informática (después de mostrar la evidencia colilarga en una caja de cartón, empezó la “hanta-alert” y, obvio, reaparecieron las sonrisas).

Lo más lindo, es darme cuenta que aún conservo a todos los amigos de entonces y que, de hecho, somos todavía más amigos. Lo que más añoro sin embargo, es de lo más superficial: ese tostado maravilloso que me quedó de regalo por varias semanas, después de cruzar la Hacienda de Picarquín de un lado a otro unas cuarenta veces por día, arriba de una bicicleta que podría contar más historias que yo.

¿Alguien escribirá alguna vez una historia mejor que la que ya vivimos? se pregunta Cristian Warnken en otro contexto, en una de esas columnas maravillosas de su libro “Aún no ha sido todo dicho”. Buena pregunta. La respuesta cambia según el día, porque a veces la nostalgia se inclina hacia el recuerdo, pero otras se escapa hacia los sueños y lo que está por venir. No existe la balanza. No existen las certezas. Sólo nosotros y nuestra capacidad de valorar y aprovechar cada minuto, cada momento en su justa dimensión. ¡¡¡Bienvenida sea entonces una vida llena de pequeños grandes momentos!!!

2 comentarios:

Pamela dijo...

Nooo, qué genial, hace sólo unos minutos uno de los chicos de la empresa que está embalando mi casa me dijo que había estado en Chile en ese Jamboree..jejejeje.

besos niña, espérame con el café calentito...

Mary Rogers dijo...

Nunca existirán las certezas, niña, y esa es la gracia de la vida y de los "pequeños grandes momentos". Por otra parte, en la medida que pasa el tiempo, aquellos recuerdos espectaculares como este y sus variantes, van adquiriendo dimensiones insospechadas. ¿ o no?
Un abrazo

PD: nada del libro, yet