29 jul. 2008

Color café

Esto no es ninguna novedad: hay gente buena, sublimemente buena de esa que si uno se fija con lupa no camina, sino que levita como a dos milímetros de la superficie de la tierra, de puro buena que es. Claro, también hay gente mala, del verbo mala, de los que odian, los que matan, los que ex profeso se olvidan de las pensiones alimenticias de los hijos, los que en general están oscuramente perturbados y/o resentidos desde antes de nacer porque su ADN mitocondrial viene black de fábrica.


En fin ¿porqué escribo de esto? porque raramente hoy me topé con uno blanco como la nieve y con uno negro como el carbón, con diez minutos de diferencia: en la misma calle, en el mismo lugar y a la misma distancia, porque se sentaron en la misma silla, para ser más exactos. Es altamente probable que estos dos seres no se conozcan, de hecho gracias a esos diez minutos estuvieron lejos de toparse siquiera. Los atendió el mismo mozo, tomaron el mismo café; imagino que Blanco no le puso azúcar (es suficientemente dulce, no lo necesita) y que Negro ocupó, como mínimo, unos cien sobrecitos, me dio cosa mirarlos taaaanto como para averiguar esta parte.

A veces me da risa fijarme en estas cosas, otras me da mucho nervio... Como sea, los dos se tomaron el café solitos y se fueron rápidamente. Claro, es que seguro que Blancos y Negros siempre tienen cosas muuuuy importantes que hacer y no tienen el tiempo que yo tengo para andar divagando por el mundo entre cafés y conversas con los amigos (aunque Blanco los tiene, me consta, pero Negro, uy, prefiero ni imaginar cómo serán sus amigos....) Claro, eso de divagar y darse al ocio y al bla blá esta bien para los otros, para nosotros que somos todos los demás, los que estamos al medio, con la batalla adentro a rienda suelta de por vida, dejando escapar un poco de una cosa y otra, claro que matizada, obvio, nunca solo en blanco o en negro, porque no pertenecemos a esos extremos; eso está bien para nosotros, los que somos de colores, los amarillos, rojos, naranjos, verdes o azules, depende del día y del pie con el que nos levantemos..... ya, por último grises, damascos o celestes, porque claro, a veces uno también anda así bien a medias tintas.

Como sea, igual resulta gracioso pensar que blancos, negros y de colores, solos, acompañados, ocupados o no tanto, igual terminamos en algún momento del día tomando siempre café.

1 comentario:

Pamela dijo...

Increíble cómo uno puede percibir a las personas sin siquiera hablar con ellas. Los gestos alcanzan!