3 abr. 2008

Veinte días, Cinco sentidos

Por la Boca:
Lo mejor que he probado estos días, fueron unas habas gigantes, del tamaño de un botón grande de un grueso abrigo de inveirno, sorprendentemente negras, dulces y blandísimas, bañadas en azúcar glaseada, algo delicioso que, lamentablemente, no se de dónde vino y dudo que alguna vez pueda volver a disfrutar... a veces pasa eso... placer dulce y fugaz.

Por la Nariz:
No me gusta ir al zoológico (me da casi tanta lata como los supermercados), pero tengo que ir a cada rato porque a mis hijos les encanta. Lo mejor es que como ellos saben que no me gusta, me agradecen con mil besos y, como muestra adicional de su felicidad, me siguen luego en mis ideas de fin de semana, sin importar las que sean. Lo peor es que al zoo no van a ver ni al elefante, ni a la jirafa, ni al tigre (lo que haría más breve la visita) sino que gozan con las mil jaulas de los mini roedores, que hay por cientos y parecen todos iguales (pero-mamá-NO-lo-son!!!) lo que nos obliga a ir de vitrina en vitrina hasta agotar stock y luego cambiar de giro y llegar a las arañas o aterrizar de frente con el “ciclo de vida de la rana”: nada más apasionante que detenerse un sábado o domingo AM, muertos de sueño él y yo, rebosantes energía ellos, frente a una masa viscosa y viva que lleva por título “renacuajo metamorfoseado”, uf!. En fin, lo que quizás realmente me molesta del zoológico es su olor que me persigue hasta en el recuerdo (posiblemente porque es la pestilencia de la no-libertad), así que mejor hasta aquí llegamos con esta parte.

Por la Piel:
Con las cosas de la piel, con el tiempo se aprende que generalmente las palabras sobran.

Por los Oídos:
Festejar al aire libre y con música para todos, es una de las formas más lindas de celebrar. Parece que por acá se está poniendo de moda y eso es bueno, porque de la moda a la costumbre hay un paso y costumbres de este tipo hacen falta y se agradecen. Morricone fue un suceso, ya se ha dicho tanto, en todo caso para mi la gracia estuvo en poder aplaudir de pie (y de esta forma agradecer en vida) a una persona por crear algo que me conmueve. Sinceramente yo iba más por la Sinfónica de Roma que por el Director en cuestión y finalmente me encontré con una orquesta perfecta (quizás demasiado perfecta) que me hizo echar un poco de menos esa pasión que hace vibrar, y que uno además de oír puede “ver”, en muchos otros músicos igual de buonos, pero no tan re serios, en fin, cosa de gustos nomás.

En la misma onda, el viernes recién pasado, en una función repleta, bordeando la puerta del Cementerio General, en la Plaza de La Paz, la música se tomó las calles de Recoleta (esa es la gracia de la música, que se cuela por todos lados, sin distinguir distancias ni muros ni vivos ni muertos) cuya Corporación Cultural celebraba dos años de existencia con la ópera Carmen. No me voy a detener en los más de ocho mil asistentes, ni en el bello canto (sólo digo que Cecilia Frigerio en su papel de Micaela, la otra enamorada de Don José, cantó maravillosamente... mejor que la propia Carmen incluso), ni en la puesta en escena con autos y caballos de verdad, sino en la tremenda alegría que a mí me dio ver que a pesar de que esa noche habría incidentes por “el día del combatiente” y muchos consideraban medio peligroso asistir a este evento (“si yo tuviera una hija como usted, le diría que mejor no vaya”, fueron dos muy cercanas recomendaciones), pero contra todo pronóstico, a la gente le importó nada esa “sensación de miedo” (y si le importó disimuló muy bien) y llegó igual (si las calles son de Todos, siempre!), repletó el lugar y gozó como quiso con esta gitana rebelde que enamora a Don José y luego flirtea con el Torero Escamillo, para terminar su vida tan trágicamente como suele suceder en casi todo final de las óperas “de todos los tiempos”... claro que ésta es especial, porque tiene esa cosa más apasionada, de los gitanos, el bamboleo de los flecos, las mantillas bordadas, las flores rojas, la sangre hirviendo, los escotes, los pasos de flamenco, el guitarreo y en fin, la vida palpitando así, a todo dar, en una adaptación que sobrepasó ligeramente las dos horas sobre el escenario.


Por los Ojos:
He estado un poco floja con el teatro, al lado ya dejé el link para “Arriba de la Pelota” en Matucana 100: bueno, bonito, muuuuy gracioso y algunos días muy barato. También vi “La vecina de arriba” en el Mori del Parque Arauco (me gusta mucho como actúa Sergio Hernández, pero archidefinitivamente no es mi tipo de obra, así que sin comments).

Me paso entonces a la muestra de arte contemporáneo “Viaje al arte italianobajo La Moneda. Mientras desciendo por esos tremendos pasillos-plataforma que llevan hacia las salas de exhibición, veo una serie de figuras geométricas con frases de los expositores: desde más abajo, un círculo rojo con letras blancas me llama en silencio y me deja leer, así como susurrando: “como pintor no quiero hacer un cuadro, sino abrir un espacio”, la frase es de Lucio Fontana y me parece espléndida, porque yo me lo paso “abriendo ventanas”, entonces sintonizo de inmediato con su idea, y una vez dentro de la sala voy en busca de su cuadro y me encuentro una tela blanca llena de orificios que me identifica nuevamente: pues hay un tema que me asalta cada cierto tiempo: lo que está y lo que me hace falta v/s lo que tengo y lo que dejo ir (quizás él intenta decir otra cosa, pero yo me quedo con esa imagen). Otras obras en las que me quedo perdida por un rato: la de Cesare Tacchi y su “Beso de Bond” (tan a tono con las filmaciones de Craig por Atacama estos días) en la que en medio de un intenso fondo negro se besan dos amantes enmarcados en un rooooojo corazón.... avanzo un par de pasos y de frente me encuentro conmigo y a la vez con él, que tanto me encanta: Michelangelo Pistoletto y su piano sobre un espejo (hace poco había mostrado otro espejo, pero con una paloma en el Bellas Artes, su trabajo es tan limpio, tan sencillo y a la vez proyecta mucho... y refleja.... obvio, si estamos hablando de espejos). Así, grata es esta muestra que viste de mejor manera que en otras oportunidades las tremendas salas del CCPLM. Al que le guste el cine de Fellini, Passolini, de Sica, Visconti y Rosellini puede pasar entonces a la Cineteca, que hay un ciclo completamente ad hoc “Maestros del cine italiano” todos contemporáneos de los pintores y escultores que exhiben este “viaje” en el CCPLM. Como en la tele: vaya ya!

Otra vez con los ojos: sentada en mi cama, en la cafetería de siempre o en mi escritorio, las páginas de los 25 cuentos de Murakami me acompañan estos días: “Sauce Ciego, Mujer Dormida” (link al Corte Inglés con uno de sus cuentos “de regalo”). No me dormí, pero estoy soñando... y mucho, como cada vez que leo a Murakami. Para variar subrayé hasta casi quedar sin lápiz y doblé página por medio.

Si es con los ojos, las fotos no pueden faltar: la Expo de Carlos Eguiguren en el Bellas Artes, en la que abarca sus 30 años de trabajo, encontramos fotos compuestas de muchas otras fotos (o partes de ellas) y sobre esas composiciones una intervención del artista: una luz, una línea de color, una mancha, una figura, un “algo” que destaca lo ya captado antes por el lente. Me parece súper interesante la forma en que él le da una re-mirada a su mirada original. Las tomas son de Valparaíso y aparte de rescatar balcones, ventanas, visillos al aire y calles empinadas, también uno se encuentra intervenciones que espontáneamente aparecen en la ciudad como los stencils en tantos muros de los cerros. Para esta celebración de 30 años de Eguiguren se editó un libro especial, con más de 100 imágenes que los visitantes pueden ver en un video que se muestra al centro de la Sala Chile, rodeado por las grandes fotografías de esta muestra, en la temporal oscuridad del segundo piso del museo. Súper.

Al cine no fui, quizás la próxima semana me ponga al día, pero shhh, digo esto bien despacito, no vaya a ser que se aparezca Mirageman a hacer justicia.
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(Fotos Lord V en flickr)

4 comentarios:

u minúscula dijo...

madre mia, explosion de sentidos...

L Mery dijo...

Hola U, un abrazo mientras, me asomo otra vez por alla en tres segundos.

TODO MAL: el link al cuento de Murakami... esta incompleto.. pucha, que pena, es un cuento buenísimo ese del 7mo Hombre.

Pamela dijo...

QUé maravilla, no dejar pasar una!!

Aqui me tienes querida mía, leyendo devotamente a Murakami (Kafka en la Orilla). Es todo tu culpa y ¡cómo te agradezco!

Besos por miles

Ana María Vilchez dijo...

Un verdadero recorrido por el arte y que tan bien comentas, amiga.

Un abrazote.